Dios no da a nadie por perdido. La parábola de los viñadores homicidas (Mc 12,1-12).
San Pablo
2025
La obra es una reflexión sobre la parábola de los viñadores homicidas (Mc 12,1-12), uno de los relatos más conocidos del Evangelio, presente también en Mateo y Lucas y en algunos textos apócrifos. La Autora, profesora de la Facultad de Teología de Granada, propone una lectura renovada, en la que enseña sentidos teológicos y espirituales no siempre apreciados hasta ahora. La parábola está en la parte final de Marcos, cuando Jesús visita Jerusalén. No es una parábola destinada para enseñar algo o provocar una reflexión. Es una parábola utilizada como instrumento conflictivo: los líderes judíos se sienten reconocidos y cuestionados. La misma parábola en el evangelio de Mateo (21,33-46), está situada entre las parábolas de los dos hijos (21,28-32) y el banquete de bodas (22,14), cuyo criterio de discernimiento son los frutos entregados a tiempo por los viñadores; hace, pues, más hincapié en los frutos. La parábola de la viña en el evangelio de Lucas (20,9-19), aunque va dirigida al pueblo, sin embargo las autoridades religiosas se sienten aludidas ꟷlos labradoresꟷ al rechazar o aceptar al hijo, a Jesús, y excluye la referencias al AT (Is 5,2; Sal 118,23), lo que oscurece la referencia a Dios.
El hecho de plantar una viña con la que Jesús inicia la parábola era difícil en el terreno pedregoso de Palestina; por eso se hacía junto a árboles ya desarrollados, y tardaban unos cuatro años en producir; en las guerras se arrasaban. Dios es el primero que planta en la creación primera (cf. Gén 2,8), y lo hace tanto para Adán y Eva y después del diluvio para Noé, que es la misma situación de los primeros padres después del desastre que originan las aguas; otro Adán que comienza de nuevo a cuidar la tierra o la viña del Señor (cf Gén 9,20). De ahí el vínculo del hombre con la tierra (cf. Gén 2,9.15), de la cual ha sido creado (cf. Gén 2,7). Isaías escribe un cántico hacia su amigo que planta una viña, la cuida, protege y nutre y al final solo le da agrazones (cf. Is 5,1-2). Simboliza la relación y cuidado de Dios con Israel que le responde dándole la espalda.ꟷ Para remarcar a los que usurpan las viñas del Señor se cita y comenta el relato del Rey y la viña de Nabot (cf. 1Re21,1-13). Y de aquí pasa el texto a comentar que el dueño de la viña envía a su hijo querido, pensando que lo respetaría, sin embargo el pensamiento de los labradores va en otro sentido: si el hijo es el heredero, entonces le matamos y nos quedamos con la viña. La escena se ilustra también con el pasaje del AT del sacrificio de Isaac, que, aunque hijo de la promesa de ser padre Abrahán de un pueblo numeroso, debe sacrificarlo como ofrenda a Dios (cf. Gén 22).
Después de matar al hijo los trabajadores, Marcos cita al Salmo 118,22-23: «“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mc 12,10). La parábola pasa del mundo agrícola al de la edificación y ofrece una relación entre la filiación y la construcción. Todo ello nos lleva a la comprensión que las ciudades son mujeres y sus habitantes hijos, las piedras que la edifican. Pero de la casa se pasa al Templo de Jerusalén, que es donde se desarrolla la escena de Jesús. Así, Jesús, el crucificado y el resucitado, es la piedra angular sobre la que se construye el nuevo templo, y pues el encuentro con Dios está más allá de un espacio físico, sea la casa, sea el Templo. Y lo mismo ocurre con la Ley. Como resumen, se puede decir de la parábola que Dios no da por perdido a nadie; más que los frutos, el dueño quiere restablecer la relación que se ha roto con los trabajadores; Dios no se cansa de buscar nuevos caminos para encontrarse con sus criaturas. Por otro lado, los trabajadores no pueden apropiarse de los frutos: son dones, dones llamados a ser repartidos y compartidos; apreciar lo que nosotros valoramos y lo que Dios valora; consideremos también el sufrimiento del inocente: el hijo de la parábola, o Isaac, o José hijo de Jacob. De ahí que toda reforma, renovación o reconstrucción de las comunidades cristianas o la Iglesia tiene que apoyarse en la piedra angular que es Jesús resucitado.