Poniendo alma al dolor

Horno P. (Coord.) González E., Ruiz C., Moñino C.,

Horno P. (Coord.) González E., Ruiz C., Moñino C.,
Desclée de Brouwer
Bilbao 2021

Una de las grandes plagas de nuestra sociedad es la del abuso sexual a menores. En los meses del confinamiento pasados en 2020 nos hemos encontrado con un incremento de estos abusos en más del 75 %, resaltando que estos abusos se han producido en el entorno familiar.

Ello ha provocado que desde el mundo de la psicología se vea necesario un estudio más detenido sobre la forma de tratar y de acompañar a las personas, tanto niños como adultos que han sufrido abusos en cualquiera de sus formas.

La obra que presentamos podríamos enmarcarlo en un manual de uso para acompañar a las víctimas en las que no sólo nos encontramos técnicas de ayuda, metodología, sino también elementos prácticos que nos ayudan en el tratamiento y terapia de las personas que han sufrido abuso. Teniendo en cuenta que la situación de las personas varia si son niños o adultos que sufrieron siendo niños dichos abusos.

Lo primero que nos invitan las autoras es que nos demos cuenta que cuando se recibe a una víctima no sólo hay que centrarse en el pasado o un futuro esperanzador que en ningún momento es vislumbrado por ellos, sino que es el presente en el que se debe afianzar a la persona. Se trata de hacer ver a la persona que ella es mucho más de los acontecimientos que ha sufrido, es recuperar lo que era antes de los abusos y volver a poner en uso aquello que ahora ya no vemos que pueda servir para mucho. Para ello es necesario también conocer el entorno y ver los recursos que se pueden aprovechar.

En segundo lugar, es tratar de llevar a cabo la intervención terapéutica desde tres niveles importantes, que se sienta seguro para poder expresarse; que pueda elaborarse un compendio de la experiencia abusiva o del trauma que vive, poder expresarlo y finalmente construir una vinculación sana entre terapeuta y víctima. Lo cual es un camino que se debe ir construyendo. Todo ello, si es posible con la colaboración de los padres si es que con ellos hay una relación sana. La víctima desea sentirse acompañada por sus seres queridos, y es un camino que si se recorre acompañado ayuda mucho en la superación de los traumas sufridos.

Una vez creado estos ambientes de seguridad, viene una de las partes más complicadas que es expresar la experiencia vivida, hacerla presente, ser capaz de hablar de ella y reconocer el daño sufrido eliminando las posibles culpas que aparezcan. Por ello las autoras nos recuerdan que la persona que sufre el abuso, lo sufre no sólo en el momento que sufre el abuso, sino que el sentimiento de culpa, la vergüenza de contarlo y en muchos casos no creerla, la rabia porque fue alguien en la que tenía confianza, incluso en algunos casos cariño. La tristeza que se expresará de diversa manera según la edad de la víctima. Y todo ello debe saberse tratar por el terapeuta ya que si la victima observa que se está juzgando la pena que siente, lo que se ha conseguido con los pasos anteriores se puede romper, con lo cual el camino recorrido se deberá empezar de nuevo. Por ello, hay que evitar las expresiones que manifiesten el sentir pena por la persona que sufre el abuso, en los jóvenes nos encontramos con que no se suele llevar bien ni el sentir que dan pena ni sentir su propia pena. El terapeuta debe saber encaminar y trabajar la empatía propia y la de la persona con sus propios sentimientos.

La emoción más intensa que sufre la víctima es el miedo, que no sólo genera situaciones negativas, sino que además hace que ante situaciones que puedan recordarle los momentos que vivió le lleve a quedarse bloqueado experimentando situaciones que le llenen de miedo. Miedo que no sólo afecta a la terapia o a la vida personal, sino que en las posibles relaciones con otras personas le pueden impedir relacionarse con normalidad y tener relaciones afectivas con otras personas por miedo a lo que se repita lo vivido.

Ahora bien, las autoras del libro nos muestran que en estos casos de trabajo con menores que han sido abusados se debe cuidar también el terapeuta. Ya que la tensión que sufre para tratar de hacer bien el servicio con la persona afectada, en muchas situaciones le puede llevar a sufrir situaciones a las cuales no sepa responder al quedar atrapado en la terapia que ha estado llevando a cabo. Se viven situaciones difíciles y sobre todo en las que no es fácil controlar los sentimientos de enfado o rabia ante lo que ha vivido el otro.

Brevemente termina el libro con unas pautas de acompañamiento durante el proceso judicial. Otro momento difícil para la persona que si es un menor se encuentra doblemente victimizado por tener que volver a relatar la situación vivida ante personas extrañas y lo que es peor, personas que a veces son recriminatorias de lo que ha vivido. Este acompañamiento también se debe hacer con la familia que sufre esta situación violenta, y de resaltar en la obra la importancia que las autoras dan al papel que la terapeuta debe mostrar a lo largo del proceso que se está viviendo.

La conclusión muestra claramente la violencia como algo establecido en la sociedad. A la vez se han creado espacios de defensa y sobre todo de acompañamiento de los niños y niñas abusados de tal forma que se favorece el crear espacios de seguridad. Y la necesidad de formación para que las terapias sean verdaderos remansos donde poder ayudar a superar la situación vivida y sobre todo mostrarles que hay una vida por delante que deben encaminar.

En definitiva, una buena obra necesaria para aquellos profesionales de la terapia con personas que han sido abusados y sobre todo, que es un libro que no se queda sólo en la teoría sino que marca pautas para desarrollar esas terapias y crear espacios de acogida tanto con los menores como con las familias.