JESÚS. LIBERTAD Y SERVICIO
SAN PABLO
2024
Cuando leemos los Evangelios de Jesús nos encontramos que su vida y el mensaje se envuelven en una atmósfera que respira a Dios por doquier. Él es la referencia absoluta, no solo de su vida personal, sino también del marco donde se desarrolla y desenvuelve. Jesús vive, por consiguiente, en una sociedad profundamente teocrática, y pertenece a un pueblo que es propiedad de Dios, que está en todas partes y lo decide todo. Si ojeamos los intereses de nuestra sociedad occidental, comprobamos que se pueden establecer muy pocos puntos de contacto entre ambas culturas. De marginar a Dios para situar al hombre en el centro de la realidad que defiende la Modernidad, se ha pasado a la «inteligencia artificial» actual, que coloca a la persona muy lejos de sus raíces antropológicas y teológicas.
Sin embargo, no es nuevo este fenómeno. Con anterioridad, los movimientos gnósticos arrancan a Jesús de sus cimientos históricos y humanos y lo reducen a la interioridad y a la alegoría, y puentean la radicalidad de sus exigencias, como se manifiesta en la literalidad de los escritos evangélicos. Por consiguiente, estas páginas que hablan de Jesús, de sus proyectos y esperanzas, invitan de nuevo a que busquemos la felicidad como está inscrita en el corazón y en la mente de Dios, que cotejemos nuestros proyectos con los suyos, y evitemos, en todo caso, seguir huyendo hacia el vacío y ocupando la existencia con lo efímero.
Por eso, a lo largo del texto, se hace hincapié en dos valores de Jesús que se estiman mucho en la actualidad; la libertad y el servicio se dan en toda clase de culturas, sobre todo, en la Occidental, muy relacionada, por otra parte, con el judeocristianismo. Para Jesús, la libertad se respira desde su mismo nacimiento como el valor máximo de su pueblo (cf Dt 5,6; 25,5-8), que la une a la libertad de decidir entre el bien y el mal: «Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal» (Dt 30,15). Jesús mantiene la defensa de la libertad ante las leyes religiosas, políticas y económicas opresoras, ofreciendo su vida como servicio a los marginados de todo tipo para darles o devolverles su dignidad humana: «Jesús dijo a sus discípulos: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,42-45; Jn 13,1-15).
La obra comienza con el anuncio, nacimiento y acontecimientos de la infancia de Jesús que relatan los dos primeros capítulos de los Evangelios de Mateo y Lucas. A continuación se exponen los inicios del ministerio con el preámbulo de Juan Bautista como elemento esencial para el anuncio del Reino de Dios. Este es el centro de su actividad, la obsesión de su vida, el eje de sus palabras, dichos y parábolas, y de sus hechos más significativos, como son los milagros. Tratar qué dice de Dios y cómo lo experimenta es una tarea poco menos que imposible. Sin embargo, hay indicios en su mensaje que traslucen una experiencia única, experiencia de la que hace partícipe a los discípulos que elige o le siguen con unas exigencias nada fáciles de cumplir, porque provocan una ruptura con la familia, la religión y la sociedad. Pero las enseñanzas que derivan de la proclamación del Reino se muestran en un estilo de vida que Jesús quiere compartir desde el principio de su ministerio y, a la postre, dicho estilo de vida simboliza los principios de la presencia del Reino en la historia. Por último, exponemos la pasión, muerte y resurrección. Es un bloque muy difícil de deslindar, porque la narración de los discípulos de la vida Jesús después de haberlo experimentado resucitado es la razón última de que se continúe pensando en Él, y su vida componga el mejor aval de la esperanza de las mujeres y hombres de la cultura occidental, y la vía de acceso a Dios. Porque Jesús ha servido y sirve en la historia de los pueblos como un factor de integración social, de potenciación de la existencia y de una existencia racional, de valoración de las relaciones personales e interhumanas con evidentes formas religiosas, de dador de sentidos de vida y creación de estructuras sociales capaces de integrar a las personas y orientarlas en la historia individual y colectiva. El libro está escrito en forma de relato para que cualquiera lo pueda entender, evitando los tecnicismos propios de la ciencia exegética y teológica y los juicios provenientes de las creencias cristianas. El texto expone los valores que fundamentan la felicidad humana, en cierta medida patrimonios de la cultura occidental, de clara influencia griega y judeocristiana. En fin, estas páginas procuran traer a la conciencia de todos las exigencias fundamentales de los olvidados y marginados de la historia.