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¿Ha cambiado algo en la Iglesia después de los escándalos sexuales? Análisis y propuestas para la formación

Amadeo Cencini

Amadeo Cencini
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2022

No cabe duda que nos encontramos con una triste realidad dentro de la Iglesia y que si bien en algunos campos cuesta ampliar los campos de investigación, sin embargo en el marco de la psicología y la formación las publicaciones se están desarrollando con agilidad y tratando de aportar espacios nuevos y análisis de las personas que deben ayudar a superar estas situaciones vividas y que se viven en nuestra Iglesia.

            El autor en el libro divide el libro en dos partes muy diferentes cada una de ellas, que conduce a la necesidad de la formación de los seminaristas y religiosos en el campo de la afectividad, de tal forma que se ayude y se acompañe a superar las dificultades o limitaciones con las que un joven llega o las que dar argumentos para superar las dificultades que aparezcan por el camino.

            En la primera parte de la obra, el autor nos presenta la situación de escándalo que se produce en la Iglesia ante la situación, pero sobre todo lo hace partiendo de presentar a las personas culpables de dichos actos y que muchas veces uno nunca puede llegar a pensar que en el trasfondo de su personalidad se encuentran auténticos depravados.

            En el primer capítulo quiere vencer muchas veces lo que ha hecho más daño en la reacción de la Iglesia ante los abusos, así se parte tan to de los juicios meramente moralistas que separa al que es victimario del resto, como si fuese algo que a algunos no les va a pasar nunca. Otra limitación que se ha usado es la de señalar que el número de casos que se producen en la Iglesia comparándolos con los que se dan en las familias son mínimos, lo cual supone otro gran error toda vez que un solo caso ya es una multitud.

            Otro elemento que une los abusos sexuales en la Iglesia con los abusos de la sociedad, es la mentalidad que se da en la misma que se ve como normal desde ciertos ámbitos sociales, sobre todo cuando el menor decide elegirlo por sí sin llegar a haber ninguna coacción. Muestra una falta de educación en la sexualidad y un gran mundo de carencias afectivas. En definitiva, no deja de ser un blanqueamiento de la violencia sexual que es mantenida de una manera irresponsable por un amplio espectro social que dice que lo que mucho se da no es sino el resultado de algo que se debía liberar.

            El capítulo 2 se dedica a desarrollar la génesis de estas situaciones escandalizantes y que parten de las limitaciones de personas que optan al celibato.

            Es necesario retomar la figura de que el célibe, general, sabe lo que es y a lo que se decide cuando se compromete, pero no en todos es igual, en ocasiones ese celibato mal entendido se expresa externamente actuando agresivamente sobre los demás, o mostrando un exceso de egoísmo que conduce a un abuso de poder tan negativo como el sexual, pero sin tanta repercusión social y, sin embargo, muy dañino para la vida pastoral.

            El capítulo tercero nos muestra la dinámica que vive la institución y lo que es más dañino, el decir que todos lo sabían, pero nadie hizo nada, que todos lo veían en sus comportamientos. Parece como un escudo para justificar lo que se hacía y sin embargo nos encontramos con un encubrimiento, sin nadie que pretenda dar la voz de alarma y mucho menos actuar en defensa de las víctimas. El victimario, no cabe duda que poco a poco irá perdiendo el pudor de su comportamiento y lo hará cada vez más claramente, toda vez que se siente libre de hacerlo al ver que los demás de alguna manera se lo están permitiendo al no poner los medios.

            Por otro lado, este el que inicia el camino asumiendo el celibato como algo mandado, pero que encuentra en las redes e internet una compensación cada vez más frecuente y que conduce a un camino desordenado.

            Es estas personas encontramos dos tipos de incapacidad, primero la de gozar, no se disfruta de la vocación del encuentro pastoral que debe llevar aquello que hace, pero por otro lado nos encontramos la incapacidad de sufrir, se pierde toda empatía con la gente para convertirlos en personas que de alguna manera están a su servicio y hace que no vea la gravedad de las situaciones que está viviendo.

            En el capítulo cuarto se hace un análisis de lo que es el celibato y como se vive en la Iglesia, trata de hacerlo el autor desde un aspecto positivo, no cabe duda que se puede hacer siempre que se mantenga y se quiera profundizar en la formación para encaminar y acompañar en la vivencia de un celibato sano y que sirva para testimoniar una vida de entrega y gozosa.

            Tras ello pasamos a la segunda parte de la obra donde el autor nos va a insistir de un modo especial en la necesidad de la formación. Para ello se debe hacer consciente que se vive desde un escándalo que necesita una reforma en la formación para que las nuevas vocaciones recapaciten en la asunción de la afectividad sexual, pero también dentro de la formación permanente para los que ya llevan años viviendo el celibato.

            Está pasando en la Iglesia una inversión de lo que han sido los cambios, normalmente es desde las bases de donde viene el cambio y la necesidad de reforma, sin embargo, nos encontramos que la mayor reticencia para el cambio lo encontramos en las bases, bien porque que vamos a cambiar ahora o la falta de cercanía con las víctimas, en definitiva, una falta de responsabilidad repartida.

            Importante la reflexión que se hace sobre el celibato gay y las nuevas vocaciones homosexuales y la carencia de respuestas serias ante la situación que se vive al no aplicarse los documentos emanados desde la Santa Sede para la formación de los seminarios.

            No cabe duda que se han producido cambios y que en algunos sitios esos cambios han llevado a buscar ayudas externas que favorezcan que se viva desde una identidad mayor de lo somos, pero también siendo capaces de crear espacios de ayuda para el hermano que se encuentra en dificultades, para ello se recurre a recursos específicos. No podemos olvidar que falta mucho para ayudar a hermanos que han sufrido abusos y ahora viven su celibato y necesitan el apoyo para poder vivir el ministerio pastoral en su integridad.

            Hay una necesidad que es el cambio que se debe dar en la formación inicial, donde se necesita una formación más personal, es decir que tenga en cuenta a cada uno de los candidatos, pero a la vez la necesidad que los formadores sean conscientes del cambio que se debe dar en el período formativo. Se debe tener en cuenta e introducir dentro de los planes formativos la temática afectivo sexual de tal manera que la persona que va a dar un paso importante en el ámbito celibatario debe ser informado y formado en la realidad teológica y vital que debe llevar a cabo. Lo cual dentro del ámbito formativo tiene que ser incluido en todo lo que hace referencia al acompañamiento espiritual, entre otras cosas, porque no sólo se forma a la persona sino se la invita a vivir sanamente un mundo de relaciones que va a tener que llevar adelante en la tarea pastoral.

            Por ello una de las necesidades es evitar formar en la soledad sacerdotal, ya que la soledad no ayuda a comunicar una humanidad significativa, sino que en muchas ocasiones conduce a unas crisis afectivas graves, con lo cual son en sí mismas motivo de escándalo.

            Concluye el libro con la necesidad de una formación permanente sobre la afectividad sexual, salvando que lo de permanente no sea solo algo puntual al año, sino que se dé un seguimiento y una formación en forma y continuada, de tal manera que recordemos que si no hay una formación permanente la vida se estanca y se cierra conduciéndola a un vacío que no trasmite nada y está más muerto que vivo. Para ello también incide en la necesidad de un acompañamiento que no olvide el elemento espiritual como presencia de Dios, y que recuerde que todo debe ir acompañándose y mostrándose en un camino sacerdotal.

            Brevemente termina señalando el papel de la institución que debe estar presente tanto ante el que es victimario, como al que busca ayuda y sobre todo tener herramientas que pueda dar respuestas y soluciones a aquel que pide ayuda, siempre desde un aspecto fraterno. Esto a nivel individual pero como hemos visto en la formación permanente también la institución tiene que dar pautas a nivel grupal.

            En definitiva un libro dentro del estilo de Cencini, que presenta una realidad dolorosa dentro de la Iglesia que necesita un cambio profundo en las instituciones, y que ese cambio debe venir por la necesidad de una formación, empezando por los primeros momentos vocacionales y que se deben hacer constantes y permanentes en el camino del sacerdote, ya que uno puede estar muy contento y entregado en su vida pero nadie está libre de temblores en esa fortalece y se necesita el acompañamiento y la ayuda entre hermanos, si de verdad queremos un plan pastoral que testimonio una vida entregada a Dios que debe ser motivo de gozo.